Editoriales

Eduardo Vendrell, investigador del ai2: “En un mundo cada vez más heterogéneo deben tener más protagonismo las acciones que hibriden conceptos y competencias”

Publicado el 25 junio, 2021

 

El tiempo que me he dedicado a la gestión y representación universitaria ha ampliado mi concepto de universidad enormemente. Alguien solía decirme “Todo el mundo debería pasar por aquí para ver que la universidad no es sólo su grupo de investigación o su departamento”. Yo no estoy tan seguro de que todo el mundo deba pasar por la gestión y representación universitaria, pero sí estoy seguro de que ese concepto amplio y transversal de universidad debe ser más bien entendido y asumido por la comunidad universitaria.

Ese sentido amplio de lo que es la universidad tiene que ver también con lo que en realidad es el mundo en el que vivimos. No somos comunidades aisladas. Más bien al contrario, la conectividad y la interacción son facetas reconocibles en la sociedad actual. También en el ejercicio profesional.

En un mundo cada vez más heterogéneo, amplio y cambiante, tienen poco sentido las agrupaciones impermeables y deben tener más protagonismo las acciones que hibriden conceptos y competencias. Así, el desarrollo de las profesiones se ha convertido, más si cabe, en un ejercicio que implica la colaboración en actividades diversas y complejas. Con el conocimiento al alcance de la mano, el desempeño profesional se basa en el saber hacer, en conectar los puntos que lleven a solucionar problemas. Los perfiles profesionales han ido difuminando su frontera y no cabe pensar que un titulado universitario vaya a ejercer su actividad profesional desempeñando una única profesión o en el mismo puesto de trabajo (las estadísticas dicen que un profesional cambia de puesto de trabajo, en promedio, mas de 12 veces a lo largo de su vida laboral).

Sin embargo, seguimos viviendo una realidad académica sectorializada. La organización de las titulaciones, más bien rígidas y poco flexibles; la docencia, con pocos ejemplos de colaboración; el aprendizaje y su evaluación, inclinada todavía hacia modelos basados en el conocimiento individual; la investigación, que en muchos casos se realiza en un espacio concreto, sin permear ni establecer vínculos con otras áreas; las convocatorias, que se siguen resolviendo teniendo en cuenta ámbitos o áreas de conocimiento estancas…

Corremos el riesgo más que evidente de atrincherarnos y encerrarnos en nuestra burbuja, cuando lo que conviene es hibridar e interactuar, asumiendo y ejerciendo en primera persona un rol principal en este mundo líquido en el que vivimos. La universidad, los miembros que la componemos tenemos que ser ejemplo de colaboración, de apertura y de adaptación.

Es tiempo, pues, de predicar con el ejemplo. Mientras esperamos entornos propicios en los que la regulación o la normativa incite a una transformación real de las instituciones académicas, nuestras acciones, bien individuales, bien en asociación con otros colegas, deben ser las que agiten el sistema dentro de los márgenes establecidos (que, por cierto, son más amplios de lo que parece).


José Luis Pitarch, investigador del Ai2: “No sé si aún soy demasiado joven o ya demasiado viejo”

Publicado el 26 marzo, 2021

 

Pues efectivamente, comparto la reflexión ya expuesta aquí por Silvia Terrassa, directora de la ETSINF (ni para reflexionar soy original, vaya). Yo, que desde siempre me había sentido más joven que lo que mi DNI se empeñaba en refutar (igual es porque he estirado mis años de universitario hasta el extremo), de repente en los últimos dos, tres años me ha cambiado la vida bastante.

Podríamos decir lo típico de “es que se me ha juntado todo”: para bien o para mal dejé de ser becario, se me ha caído el 80% del pelo (y el que queda es blanco), los desconocidos me tratan de usted, mis amigos ya han empezado a tener hijos y la COVID (que ahora es excusa para todo), acabando de hundir lo poco que quedaba en pie de mis relaciones sociales.

“Ley de vida, chico”, estaréis pensando ahora mismo. No obstante, mi archienemigo del pasado, el DNI, ahora resulta que me defiende, gritando a los cuatro vientos que todavía falta un trecho para llegar a los 40. Será que la verdad siempre acaba aflorando, en cualquier ámbito, independiente de las circunstancias.

Pero, aparte de todo esto, lo que de verdad me ha llevado a la reflexión -joven o viejo- son ciertos episodios puntuales, en los que el DNI poco puede hacer para poner orden. Uno de tantos es muy reciente, de mis primeros días de vuelta en Valencia, a finales de 2020, estrenando el flamante puesto de Prof. Ayudante Doctor en el DISA. Como es habitual en estos casos, hay gente que me felicitó y se alegró. Pero una de las felicitaciones (hecha con toda la buena fe, sin duda alguna) me marcó: “Me alegro mucho por ti, José. La UPV es una universidad potente, donde ahora seguro podrás iniciar una fructífera carrera investigadora”.

¡Vaya! No sé qué rayos había estado haciendo yo estos 7 años y pico que llevo de posdoc, pero muchas gracias por hacerme sentir joven de vuelta.

Como contrapartida, lo que me ocurrió a principios del año pasado, cuando todavía prestaba servicio en la Universidad de Valladolid. Por esas fechas tenía que defender el TFG un alumno del Grado en Ingeniería Química, a quien supervisé por circunstancias de la temática del trabajo (simulación dinámica en plantas de proceso). Resulta que, para la propuesta del tribunal, aparte de alguien del área de Sistemas y Automática, se me ocurrió sugerir a un profesor del Dpto. de IQ. Pensé: “Un chico que ha estudiado Ing. Química pero ha tenido que hacer todo el TFG con nosotros, qué menos que tenga una opinión de alguien de su área (vaya ocurrencia la mía también…)”. A estas alturas, los más avispados ya imagináis como acaba la historia: evidentemente nos tocó rehacer la propuesta de tribunal, sustituyendo al experto de IQ por… ¡El tutor del TFG!

Cansino de mí, todavía pedí explicaciones, exponiendo mi razonamiento anterior. La respuesta de la secretaria de la Escuela de Ingenierías Industriales fue: “Es que tú estás anticuado. El concepto de TFG hoy en día es el de una asignatura más. Y en cualquier asignatura eres tú quien examina al estudiante, no un profesor de otro departamento”.

Para mi sorpresa, una persona pasada la cincuentena me hizo sentir viejo. Y eso que ni era yo Prof. Ayudante todavía. El resultado: me siento desubicado, recibiendo mensajes contradictorios.

¿Será que estoy ante una época de oportunidad? Eso dicen los optimistas ante situaciones fuera de la zona de confort. Volviendo al tema de moda, la COVID, podría aprovechar las circunstancias de “falta de distracciones sociales” para relanzar (perdón, iniciar) mi carrera investigadora, puesto que es un problema de tipo a+++ (hay que resolver para ayer, alguien está dispuesto a poner mucha plata y es bastante complejo) según la clasificación propuesta por el Prof. Antonio Sala el 30 de enero de 2019 en análoga editorial a ésta.

Podría lanzar cualquier técnica de “machine learning” inventada hace 20 años en mi flamante Intel Core i9-10thGen de 20 núcleos, para sacar modelitos epidemiológicos a nivel macro con los datos de la pandemia, recopilados en alguna de las muchas webs florecidas durante el pasado año. Hecho esto, ya está lista la base para fabricar artículos en serie, haciendo estimadores bayesianos, optimización dinámica multiobjetivo, programación estocástica multietapa, control predictivo híbrido y con retardo variable… En fin, ya sabéis, todas esas cosas que “inventaron” unas personas muy listas hace varios años y que la gente como yo tratamos de redescubrir una y otra vez, puesto que en mi flamante Intel Core i9-10thGen de 20 núcleos van D.P.M.

Sin embargo, vuelvo inexorablemente a revivir los errores pasados: me cuestiono cuánto de lícito y de útil tiene que un investigador sin ningún conocimiento de medicina, virología y/o gestión de epidemias baile al ritmo de la moda COVID. ¿De verdad se puede uno fiar de predicciones hechas con unos modelos “máquina” basados en datos parciales, desplazados en el tiempo y muy sesgados? ¿De verdad las autoridades competentes van a plantearse utilizar alguno de nuestros algoritmos/software de control/optimización para cambiar su toma de decisiones?

Y lo que es peor, metiendo el pie en este tema, ¿estamos ayudando a visibilizar a los investigadores que realmente están en condiciones de aportar soluciones efectivas a corto plazo? ¿O más bien estamos introduciendo una gran distorsión con este bombardeo de información de calidad y utilidad discutibles?

En fin, por mi tozudez parece que seguiré simultáneamente joven y viejo: en el inicio de mi carrera investigadora con mi índice H estancado y tratando de adaptar mi anticuado concepto de la docencia a los estándares del siglo XXI.


Pablo Carbonell, investigador del Ai2: “Dejar una huella en otros a través de nuestra investigación es conectar con nuestro tiempo”

Publicado el 29 enero, 2021

 

Del flujo de estímulos que recibo a diario desde las redes, publicaciones, en los congresos y webinars, solo algunos llaman mi atención hasta el punto de invertir un tiempo en mirarlos con detenimiento. Quizás lo guarde entre los favoritos o lo comparta con mis círculos. Y a veces, más bien pocas, llegará por ese filtro un estudio de investigación que me consiga asombrar, motivar e inspirar. Si se me preguntara qué diferencia un trabajo extraordinario de aquellos otros rutinarios, un rasgo ineludible sería su capacidad de presentarse de una forma coherente, de un modo en el que todo encaje. Los trabajos de investigación de mayor calado podrán ser disruptivos, pero siempre veremos detrás de ellos una historia en la que ideas, experiencias y voluntades se unieron hasta dar lugar a una visión suficientemente potente, concisa y sin fisuras.

Es una cuestión que a menudo me he planteado en estos pasados quince años al ir conociendo desde dentro la forma de trabajar de diversos centros de investigación internacionales. Es fácil sentir la admiración que nos concita tanto la productividad como la calidad de muchos de los trabajos que generan los equipos que trabajan en estos centros. Creo que la fórmula vencedora de estos grupos contiene una combinación de interdisciplinariedad, una coordinación ágil y una buena dosis de empatía.

Este modelo se ha aplicado con éxito en el centro de biología sintética y biomanufactura industrial del Manchester Institute of Biotechnology, organizado en varios grupos interdisciplinares, cada uno especializado en ciertas áreas del ciclo de ingeniería Design-Build-Test-Learn. En este contexto, mi grupo ha estado a cargo de la parte de la automatización del modelado, diseño y aprendizaje automático. El resultado de estos diseños se transfiere a instrucciones ejecutadas por los equipos robotizados del laboratorio, donde se lleva a cabo el ensamblado de partes genéticas sintéticas en microorganismos. La automática y la informática industrial permiten aumentar la eficiencia y flexibilidad de estos procesos y, de esta manera, hacer frente a las demandas de una sociedad cada vez más basada en la bioeconomía circular.

Ya de vuelta a la UPV y al Instituto ai2, pienso en cómo afrontar los retos que actualmente tenemos por delante. En un contexto como el actual, los retos son globales, como evidencian el cambio climático y la pandemia. Para ello, es necesario equipos interdisciplinares y cohesionados. Es necesario eliminar barreras artificiales, como aquellas que tratan de clasificar el conocimiento y las competencias tecnológicas en compartimentos estancos, y reconocer la convergencia cada vez mayor entre disciplinas, auspiciada por la digitalización y la automatización. La virtualización hace menos relevante el tener que desplazarse físicamente a otros centros. El desarrollo cada vez más ubicuo de gemelos digitales y la deslocalización que permiten los clouds labs juegan un rol primordial facilitando este nuevo paradigma. Tecnologías en las que el Ai2 destaca, como el big data, la inteligencia artificial y la automatización, permiten dar una respuesta ágil y situar la investigación a la vanguardia de este campo. Generar historias que sean capaces de dejar una huella en otros a través de nuestra investigación es, en definitiva, conectar con nuestro tiempo y proyectarse hacia el futuro.


Paco Blanes, director del ai2: “Guardaré este periodo de mi vida profesional como uno de los más fructíferos y gratificantes hasta el momento”

Publicado el 29 octubre, 2020

 

En el año 2011, de la mano del entonces rector de la UPV, Juan Julià, se realizó una reforma de los estatutos de nuestra universidad. Uno de los aspectos más novedosos que se introdujeron con dicha reforma, no sin cierta polémica y oposición, fue la limitación a dos mandatos de todo cargo electo. Esta modificación de la norma, a mi entender, protege las estructuras docentes y de investigación de cargos que, con el paso del tiempo, hacen de la gestión una tarea repetitiva, perdiendo la capacidad de introducir nuevas ideas y perspectivas.

Pero por otro lado, y quizá este aspecto sea menos considerado, fuerza también a dichas estructuras, a sus miembros, a ser partícipes y protagonistas de la labor de gestionar.

Bien, pues esa es la tesitura en la que se encuentra en estos momentos nuestro instituto, donde es necesario, y obligatorio desde el punto de vista normativo, un relevo, un nuevo equipo de dirección que aporte nuevas propuestas y nuevas energías a esta labor que, aun siendo de todos, requiere de una dedicación específica.

Los 8 años al frente de esta dirección me han dado una oportunidad única para conocer muchos aspectos de lo que es y supone la gestión de la I+D en la UPV. No creo que descubra nada al afirmar que desde el año 2012 la burocracia y complejidad de esta gestión ha crecido, siendo en ciertos momentos desalentadora.

Por suerte, a la hora de afrontar la creciente complejidad de la burocracia de la I+D o de dar soporte a las necesidades de los investigadores, he podido contar con un personal de apoyo cuya respuesta ha sido siempre excelente. A José Rodríguez, Ana Alcalá, Miguel Albero, Francesc Benimelli, Manuela Molins, Amparo Cutillas y Mercedes Salazar, muchas gracias por vuestro apoyo.

Junto a ellos, los gestores que nos han acompañado, José Luis, Marta y Miguel, quienes desde su puesto han procurado simplificar la burocracia y complejidad de los procesos administrativos, trabajando siempre en ese espacio de posibilidades estrecho entre lo viable y lo necesario.

Sin embargo, no han sido estos los aspectos más complejos con los que lidiar en todo este tiempo, ya que siempre es el factor humano, las personas y su respuesta, lo más difícil de manejar. Y ahí no puedo más que alegrarme del equipo de dirección con el que he contado desde el principio. Posiblemente seamos el grupo de dirección más longevo y compacto de cuantos hayan pasado por la UPV (8 años en los que nos hemos apoyado, ayudado, animado). Patricia, Xavi y Toni tienen el mérito de haber estado ahí todo este tiempo, aguantándome, trabajando por el instituto y dejando otras actividades de su carrera profesional en favor de un colectivo como es el ai2 hasta el último día, motivo por el cual merecen nuestro reconocimiento.

Finalmente, no quisiera terminar sin agradecer a todas las empresas que se han acercado, que han confiado en el ai2, en sus investigadores y en su saber hacer. Especialmente, las empresas del Patronato del ai2, las cuales se han prestado a ese reto de la sociedad que es mejorar e incrementar la relación universidad-empresa.

Yo, en poco tiempo, pasaré a ser un investigador más, dejaré (dejaremos) de pensar qué sacamos en el próximo boletín (punto nº 1 en todas las reuniones semanales de dirección), el IAI, la normativa que no se aprueba, qué próxima comisión tenemos que preparar o cómo convencemos a los investigadores para que presenten un taller en las jornadas; y guardaré este periodo de mi vida profesional como uno de los más fructíferos y gratificantes hasta el momento. A la nueva dirección les deseo mucha suerte y por supuesto mi disposición a seguir trabajando por el ai2.


Francisco Morant, investigador del Instituto ai2: “Aprovechemos la ocasión para proyectar el futuro y corregir lo que nos puede permitir crecer”

Publicado el 23 julio, 2020

 

Fuente: UPV

Cuando ya casi alcanzamos la “nueva normalidad”, me han pedido que escriba un editorial para el boletín del Instituto. Son muchas las ideas que me surgen, pero la limitación de espacio me obliga a seleccionar las que considero más interesantes. Aprovecho la ocasión para desear una total recuperación a los compañeros y amigos que han sufrido las consecuencias de la pandemia que nos ha cambiado la vida. Desde aquí, les mando un fuerte abrazo.

La idea original era hablar sobre los temas y proyectos en los que el grupo de investigación está trabajando. El objetivo era contar que el centro de nuestro trabajo es el diagnóstico de fallos y mantenimiento predictivo. Los primeros trabajos de investigación fueron muy académicos y nos permitieron estudiar técnicas de diagnóstico y prevención de fallos e incluso aportar nuevas metodologías basadas en redes de Petri e inteligencia artificial. Estas técnicas fueron aplicadas en refinerías colombianas y en redes eléctricas mexicanas. El punto de inflexión fue la participación en un proyecto grande junto con 32 empresas del sector energético para el desarrollo de un parque eólico en alta mar. Nuestra aportación fue el diseño de un sistema de detección de fallos y mantenimiento predictivo del parque eólico. Los costes de desplazar buques de mantenimiento al parque justifican aún más este tipo de mantenimiento predictivo y manejo de activos para optimizar desplazamientos costosos y optimizar la producción del parque. A partir de ese proyecto exitoso, nos centramos en el área energética, con la colaboración del Grupo de Energías Renovables del Instituto de Energía Eléctrica.

Nuestro objetivo se centró en estudiar los sistemas de producción energética basados en la integración de varios subsistemas de energía renovables (fotovoltaicos, eólicos, minicentrales hidráulicas, turbinas marinas…) con sistema de almacenamiento para cubrir más horas de servicio y con apoyo puntual de plantas diésel cuando fuese necesario. Estos sistemas requieren de un sistema de gestión de la energía que puede incluir todos los desarrollos aportados por nosotros en relación con la detección temprana de fallos y las acciones oportunas para garantizar la continuidad del servicio y la estabilidad del funcionamiento. Son muchos los temas que hemos desarrollado, pero podría resaltar: primero, el desarrollo de una boya marina que integra turbinas marinas, energía fotovoltaica, eólica y almacenamiento en batería. La boya es un sistema autónomo cuya energía se puede utilizar para temas de comunicaciones y, si está cerca de la costa, los excedentes se pueden verter a la red. La boya está monitorizada, de manera que todos las variables están controladas desde tierra.

Por otro lado, hemos trabajado en sistemas híbridos de producción de energía en los que hemos participado asesorando a empresas y, también, en la etapa de diseño y simulación. Por el impacto social que se consigue con estos sistemas llevando energía donde no la hay, son proyectos de los que me siento especialmente satisfecho. De todos ellos resaltaría las instalaciones de Nazareth, en la Guajira Colombiana, en isla Fuerte, isla Múcura, islote de San Fernando (en el Caribe), las realizadas en el Amazonas colombiano (Puerto Nariño, Macedonia y San Martín) y la realizada en el Remanso (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia).

Por último, destacaría los sistemas de eficiencia energética en edificios públicos en la isla de San Andrés para el ahorro de diésel y en otros edificios en instalaciones públicas colombianas.

Hemos realizado también proyectos de asesoramiento a instituciones colombianas para formación de profesionales e investigadores. Junto con el Grupo de Energías Renovables del Instituto de Energía Eléctrica hemos ofrecido una maestría a los profesionales de Instituto de Planificación de Sistemas Energéticos (IPSE), que es el organismo encargado de dar servicio energético a las zonas no conectadas a la red eléctrica. También hemos diseñado y construido un laboratorio de investigación sobre energías renovables en el Departamento del Chocó, en colaboración con la Universidad Tecnológica del Choco y financiado por el Sistema de Regalías del Gobierno de Colombia.

De todo ello os quería hablar con detalle hasta que vi un anuncio en la página web de la universidad sobre el resultado del Ranking QS. Lógicamente, todo lo que sale por esa web es en positivo y con razón, porque hay muchas cosas de nuestra universidad de las que tenemos que sentirnos orgullosos, pero yo me siento en la obligación, al analizar los resultados de ese ranking, de hacer una reflexión más crítica del sistema universitario en general y de nuestra universidad, en particular.

Como muchos de vosotros sabéis, llevo vinculado a la Universitat Politècnica de València 39 años. Algunos de esos años los he dedicado a la gestión universitaria y también a la gestión en la Administración Autonómica. Dentro de la universidad, he ocupado los cargos de director de departamento, director de Instituto de Investigación y vicerrector con dos rectores diferentes. En la administración autonómica, mi responsabilidad fue la de Director General de Formación e Inserción Profesional. Desde hace casi 10 años, decidí no ocupar ningún cargo de gestión más y dedicarme a temas de docencia, investigación y relaciones con las empresas, cuyos resultados he comentado anteriormente. Lo anterior lo cuento para que veáis que he sido testigo de la evolución de esta universidad y que conozco un poco, por los cargos ocupados y por la actividad actual en España y fuera de ella, las necesidades que el sector productivo está demandando.

He leído un artículo en relación con el Ranking QS que se acaba de publicar. El titular de dicho artículo sugiere que la universidad española pierde prestigio internacional por su desconexión con el empleo y justifica esa pérdida de prestigio en una financiación insuficiente, una normativa inflexible y poca conexión con la realidad. También quedamos mal parados en el apartado de impacto de la investigación.

El presidente de la Conferencia de Consejos Sociales de las Universidades Españolas es muy crítico en este tema y analizando el informe comenta que el 37% de los jóvenes españoles trabaja en puestos por debajo de su cualificación y muchos de ellos no trabajan en una actividad adecuada a su titulación. Como conclusión, hay una clara desconexión entre la universidad y el tejido productivo. El mismo presidente sugiere que la solución está en trabajar con los empleadores para ofrecer más prácticas en las empresas, consultar más a las empresas sobre las habilidades que les faltan a los alumnos y reformar los planes de estudio para reforzar o transmitir esas habilidades.

Yo estoy de acuerdo con ese análisis, puesto que los datos son los que son. Ya hace más de 20 años, cuando era responsable de inserción laboral, se detectó el mismo problema e intentamos acercar más el mundo académico al productivo y, por lo que veo, a pesar del esfuerzo de entonces, el problema sigue o, lo que es peor, está aumentando. Al final, uno piensa que las medidas que sugiere el presidente de los Consejos Sociales para solucionar ese problema pueden ser acertadas, pero yo creo que el problema es de mucho más calado y las soluciones son otras. Los dos mundos: el productivo y el académico se pueden acercar y colaborar, pero finalmente ambos cuentan con personas y son ellas las que tienen que propiciar ese acercamiento.

En este momento quiero recordar el libro de un pensador chino que vivió por el siglo IV antes de Cristo, Chuang-Tsé. Un personaje simbólico del libro, el Dios del Mar, dice: “¿Cómo podré hablar del mar con la rana si nunca ha salido de su charca? ¿Cómo podré hablar del hielo con el pájaro de estío si está retenido en su estación? ¿Cómo podré hablar con el sabio acerca de la vida si es prisionero de su historia?”

Yo creo que en esta reflexión del filósofo chino está detectado el problema. Para hablar del mar habrá que conocer el mar, para hablar del hielo deberías conocer el invierno. Para hablar del sistema productivo deberías conocerlo muy bien. Si desde la universidad no estamos en contacto con el mundo productivo no vamos a saber qué problemas tienen y qué perfil de profesionales necesita. Una solución fue la figura del profesor asociado que pretendía un acercamiento a la inversa. Profesionales de las empresas colaboraban en la docencia, de manera que los alumnos recibían una enseñanza muy adaptada a la necesidad de perfiles profesionales que esos profesores detectaban que sus empresas necesitaban. Esta figura, con el tiempo, se ha desfigurado y el objetivo inicial se ha pervertido. La figura de profesores asociados se ha utilizado de manera perversa por las universidades para conseguir abaratar su plantilla y, en la actualidad, es un proceso a la inversa; la universidad los utiliza como moneda de cambio para crear plazas de carrera universitaria amortizando plazas de asociados. En resumen, ha fracaso el intento.

De nuevo, el mundo productivo y el académico son como dos raíles de la línea férrea que caminan en paralelo, pero con muy poca conexión entre ellos. Esta circunstancia puede que empeore la situación, puesto que pueden dejar de ser paralelos para convertirse en divergentes.

Hace algún tiempo estuve en un tribunal de PFC de la ESTID y me llamó la atención el proyecto que presentaba una alumna. El proyecto lo realizó en colaboración con una empresa y resolvía problemas de redes de comunicación, monitorización con un sistema Scada y temas de integración sensorial. Al finalizar, yo le pregunté qué conocimientos adquiridos en el grado había utilizado para la realización de ese trabajo. La contestación fue rotunda: ninguno. Aproveché la presencia de la responsable del título para que reflexionara sobre lo que estábamos haciendo. Dentro de lo malo, uno puede pensar que la formación recibida le sirvió para búsqueda de fuentes, análisis de soluciones y, finalmente, resolver el problema, pero no se trata de eso.

No estoy diciendo que se abandone la investigación teórica, porque en su definición tiene por objetivo la generación de conocimiento sin importar su aplicación, y puesto que uno de los objetivos fundamentales de la universidad es la generación de conocimiento, esta es muy necesaria y conveniente. Esta investigación debe de estar presente siempre en la universidad como un objetivo prioritario, pero también esos conocimientos generados se pueden utilizar para solucionar problemas y, en ese sentido, la investigación aplicada, cuyo objetivo es encontrar estrategias que puedan ser empleadas para resolver un problema específico y que se nutre de la investigación teórica para generar conocimiento práctico, debe de estar muy presente en una universidad politécnica, ya que es un camino para acercar el mundo científico al productivo.

También es misión de la universidad formar buenos profesionales con perfiles que demande la sociedad. Para esa misión, el peso de la investigación aplicada será relación directa con la adaptación de esas enseñanzas a lo que realmente necesita la sociedad. El resultado del acercamiento del investigador, el profesor o el personal de la universidad al mundo productivo mediante estrategias que se deberían diseñar, será una adaptación de los contenidos para ajustar su enseñanza, puesto que ellos serán testigos directos de lo que la empresa está utilizando y lo que está demandado. Si conseguimos que los raíles por los que circula el mundo productivo y el académico se crucen constantemente, conseguiremos una convergencia de objetivos.

Instrumentos de control para que esto ocurra tenemos. Si entramos en la web del Consejo Social de la Universidad y abrimos la presentación de nuestra presidenta podemos leer: “La Universidad juega un papel fundamental en la transmisión de conocimiento a una sociedad que, cada vez, le exige mayor implicación. En la hoy conocida como tercera misión de la universidad, la contribución al desarrollo económico y social, resulta fundamental la transferencia de la investigación a la sociedad, así como la mejora de la inserción laboral de los titulados. En el impulso de este modelo juega un papel trascendental la labor del Consejo Social como nexo de unión entre la institución universitaria y la sociedad”. Efectivamente, una de las funciones del Consejo Social es esa y, frente a eso, solo cabe decir: cúmplase.

Finalmente, estamos en un momento muy importante porque, debido a la pandemia, nuestra forma de vida puede cambiar, al menos temporalmente. Si aceptamos la definición de resiliencia como la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro, estamos en un momento muy bueno para reflexionar sobre esto, ya que estos momentos difíciles permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento.

Aprovechemos la ocasión para proyectar el futuro y corregir aquellas cosas que nos pueden permitir crecer.

Saludos.


Silvia Terrassa, directora de la ETSINF e investigadora del ai2

Publicado el 27 mayo, 2020

 

¿Nos hacemos mayores?, ¿es realmente esa la triste, cruda realidad? Después de revisar lo vivido los últimos dos años, no lo tengo del todo claro.

En un momento en el que los cambios son espectacularmente rápidos, la lentitud a la que somos capaces de reaccionar frente a ellos es preocupante. Pero eso no es solo problema de edad. Durante los últimos años nos hemos llenado de una carga de gestión desorbitante, con gran cantidad de procesos lentos y pesados en los que no sabes muy bien quién es responsable de que la maquinaria administrativa no acabe de funcionar.

Me centro, por ejemplo, en mi ámbito. Yo, como directora de una escuela de informática dentro de una universidad politécnica de esas que están en los mejores rankings, que tengo la gran suerte de estar viviendo uno de los momentos más dulces y productivos por los que ha pasado la ingeniería informática y, seguramente, tendría un éxito asegurado si montara cualquier titulación dentro de nuestro ámbito. En esta situación, debería centrarme en averiguar exactamente qué tipo de profesionales demanda la sociedad para prever qué estudios hacen falta y hacer lo posible para ofrecerlos en mi escuela. Con este contexto, uno podría pensar que reaccionar e implantar nuevas titulaciones es tarea fácil, sobre todo dado que el mensaje que nos trasladan constantemente desde el gobierno de la universidad, sobre que se necesita aumentar considerablemente los créditos matriculados, por el bien de nuestra futura financiación. Pues bien, os puedo confesar que en esta situación me encuentro bastante condicionada para poder reaccionar como debiera.

Por un lado, está toda la parte burocrática que supone solicitar una nueva titulación, que no es poca, tanto internamente en la universidad, como externamente durante todo el proceso de verificación de los títulos oficiales. Pero no es solo eso, hay algo más, el ambiente está enrarecido, el profesorado enfadado y cuando se les propone a los departamentos la posibilidad de crecer en créditos, la respuesta, lejos de ser positiva, es difusa y, en muchos casos, resignada. Ven problemas en montar asignaturas nuevas y realizar el encargo docente a sus profesores y profesoras, por culpa de la gran falta de motivación. Y aunque lo entiendo, aunque empatizo con la situación, puesto que soy, ante todo, profesora universitaria, creo que pensar que esto es consecuencia directa de la falta de relevo generacional del profesorado y que el problema es que nos hacemos mayores es simplificar las cosas en exceso.

Mi gran duda es: ¿podemos pararnos aun sabiendo que podemos acabar siendo poco competitivos? En un momento donde las universidades privadas empiezan a ser dignas rivales y nos comen cada vez más terreno, ¿nos podemos permitir ese lujo? Es obvio que el mundo sigue girando y la universidad, como institución, debe seguir avanzando; falta decidir si nosotros y nosotras lo hacemos con ella. Obviamente, en todo esto el gobierno de la universidad tiene mucho que decir e impulsar y, seguramente, sin ese apoyo poco podremos hacer.


Francisco Blanes: “Es el momento de fomentar una economía basada mayoritariamente en actividades intensas en conocimiento”

Publicado el 28 abril, 2020

 

Cuando recibáis este boletín llevaremos casi 50 días de confinamiento, una situación que ha cambiado nuestra vida en todos los ámbitos: familiar, laboral, social, sanitario y económico principalmente.

De todos ellos es el familiar y sanitario el más sensible, por lo que desde la dirección del instituto os deseamos lo mejor, que estéis bien y sanos, tanto a vosotros como a vuestros más cercanos.

Ya desde la vertiente laboral, a nadie se le escapa que esta situación ha transformado nuestra forma de trabajar. Hemos movido todo un modelo de docencia presencial a las clases on-line y en remoto. Hemos desarrollado materiales nuevos, adaptados a las circunstancias, y con nuevos criterios de evaluación de las materias. Y todo eso en lo que tardan en celebrarse unas fallas. Dicho logro es, sin duda, resultado de la alta capacidad del personal docente y la labor de servicios centrales de la UPV, que han multiplicado recursos humanos y materiales para dar soporte a esta transformación.

Bien, pues llega también la hora de aplicarse la misma receta a las tareas de investigación, pues esta situación no parece que vaya a acabar en breve o de forma radical. Debemos ir planificando y poniendo en marcha planes que permitan compaginar la I+D con las restricciones y medidas sanitarias que se establezcan. Y debemos hacerlo a todas las escalas, desde los equipos de proyectos, grupos de investigación, hasta la dirección del instituto.

Somos conscientes que se trata de una tarea difícil, pues a la complejidad de la situación, se une la dificultad añadida de las medidas legales y administrativas que ralentizan aún más la actividad investigadora. En este sentido, el equipo de dirección del ai2 trabajaremos para poner cuantas medidas estén en nuestras manos encaminadas a resolver los problemas y allanar los obstáculos. Así mismo tenéis los canales de comunicación abiertos para plantear cuestiones que lleven a mejorar las condiciones necesarias para proseguir con nuestra actividad de I+D.

Frente al reto sanitario y económico que ha planteado esta pandemia, muchas voces se alzan resaltando la importancia que la investigación debe tener de cara a futuro, como principal herramienta para prevenir y protegerse en escenarios venideros similares. Quiero creer que eso va a ser así y que de una vez, nuestros gobernantes y gobernados entenderán la importancia de una economía basada mayoritariamente en actividades intensas en conocimiento.

Pero mientras tanto os animo, nos animo, a no bajar los brazos, a no renunciar a iniciativas, proyectos y retos. En definitiva, a hacer fortalecer esa economía basada en el conocimiento, más si cabe en estos momentos.

No soy habitual de citas ni frases famosas, pero hace poco leí en el perfil de WhatsApp de un buen amigo y compañero del ai2 un pasaje que, espero, nos ayude a superar estas circunstancias aunque sea con espíritu quijotesco:

Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”.


Antonio Correcher. Subdirector del Instituto ai2

Publicado el 30 enero, 2020

 

Mi móvil está sin batería. Esto va a complicar un poco más el día, que ya viene complicado de por sí. Creo que Carlos me puede dejar un cable, siempre tiene de todo. Desde que entrenamos juntos para el torneo del ai2 de 2015 me ha ayudado mucho en mi día a día. Lo dejaré cargando antes de la reunión con Manolo, tenemos que avanzar en las medidas de fuerza del equipo. Les contaré las mejoras que me sugirió Javi el viernes; en el café siempre hablamos del día a día y la verdad es que es un experto en señales ruidosas. Hay que probar esas mejoras.

Es muy fácil acomodarse en la rutina diaria. El trabajo de gestión, docencia e investigación con tu grupo se come todo el horario laboral incluso más allá de las horas que deberíamos dedicar a todo ello. Esa automatización de las tareas, a largo plazo, puede llevar a olvidar un elemento clave para el desarrollo de nuestra actividad: las relaciones.

El activo más importante de cualquier organización son las personas, su verdadero motor. Sin perder de vista que a nivel laboral las personas con las que se trabaja son compañer@s, las relaciones con ellas son fundamentales para llevar a cabo con mayor o menor éxito cualquier proyecto. Conocer a tus compañer@s, sus destrezas, pero también sus preocupaciones, sus proyectos, sus alegrías, … es el lubricante que hace que la máquina funcione.

El principal impedimento para poder conocer mejor y ampliar el círculo de contactos de cada un@ es la rutina de actividades. La manera de superarlo es evidente, si quieres obtener distintos resultados, debes hacer cosas distintas. Si bien desde un punto de vista individual es muy complicado romper estas dinámicas, para poder conseguirlo, las estructuras directivas deben apostar por las personas y sus interacciones.

Una de las directrices básicas desde la actual dirección del Instituto ai2 es el fomento de la cohesión interna de los miembros del Instituto, es por ello que siento enormemente agradecido de formar parte de esta dirección. Es un honor haber podido organizar tantas y tantas actividades para fomentar los nexos de unión entre los miembros del Instituto que han querido ampliar su círculo, romper su rutina.

Este trabajo, indudablemente, ha ampliado mi círculo dentro y fuera del ai2, he podido conocer prácticamente a todas las personas que trabajan o han trabajado en el ai2: profesores, investigadores, técnicos, becarios, contratados, doctorandos, … muchas, muchas personas, muchas más de las que caben aquí, todas aportándome algo cada día y yo a ellas: una sonrisa de buenos días, una solución al problema que llevo dos semanas tratando de arreglar, una indicación de cómo usar un equipo, un modelo de examen, un taller para las jornadas… A tod@s vosotr@s, os estoy muy muy agradecido.

Podría parecer que obligarse a correr una carrera, jugar un partido de pádel o acudir a una presentación de proyectos internos no sea una actividad productiva por la que posponer otras. Pero SÍ lo es, ampliar tu círculo te permite conocer a la gente que está a tu lado y te hace crecer como profesional y persona.

Ya se ha cargado el móvil, voy a devolver el cable a Carlos y después planificaré las actividades del ai2 para el segundo semestre. Espero verte allí.


José Luis Navarro, investigador del área de Control de Procesos

Publicado el 28 noviembre, 2019

 

Después de varios años de publicación de boletines del Instituto ai2, me ha tocado el turno. Y, como imagino que les ha pasado a otros, me enfrento a la eterna pregunta, ¿qué cuento? Durante un par de semanas, en mi cabeza se instala una guerra de ideas, de la que os doy unas pequeñas conclusiones por si alguien en el futuro quiere explayarse (jajaja):

  • Explicar alguna línea de trabajo de investigación de nuestro grupo. Fácil de escribir, pero algo aburrido para el resto.
  • El envejecimiento de la plantilla del instituto y la universidad. Aprovecho para animar a los estudiantes que lean estas líneas a trabajar en sus currículum, pues en 10 años es muy probable que haya muchas vacantes y posibilidad de acceso real a las plantillas de las universidades españolas.
  • Hacer un análisis de noticias sobre el futuro tecnológico más o menos próximo, como la conducción autónoma, vehículo eléctrico, drones que nos llevarán los pedidos a casa, coches voladores, robots o la inteligencia artificial que nos quitarán el trabajo, etc. (Podríamos hacer una porra sobre las noticias o tecnologías que se implantarán realmente en la sociedad, a ver quién acierta más y se lleva el premio).

Y claro, no he puesto la que ganó, me la reservo para mí.

Releyendo los boletines ya publicados, me fijé en algunos que combinaban las aficiones de los ponentes con la aplicación de técnicas relacionadas con el AI2. Y me dije: perfecto, ¡¡¡este es el tema!!!

Como ya sabréis, me gusta practicar diversos deportes, pero además del pádel y el golf, también soy parte del equipo de vela de la UPV, junto con otros compañeros del AI2.

Cuando empecé con la vela ya era algo mayor, hace unos 20 años (aunque ahora que lo veo con perspectiva, era un “jovenet”… ¡¡¡quién pillara esos años!!!). Fue en un curso que hacía Deportes, de iniciación a la vela. Recuerdo que salimos a navegar una tarde y hacía bastante viento, apagaron el motor y quedé totalmente enganchado: navegar solo con el viento, el barco escorado, haciendo banda, bajando a sotavento a soltar la escota con el pie dentro del agua por la escora del barco. Este deporte era para mí.

En un barco y, en especial, en uno de regatas, hay mucha tecnología. Solo me voy a centrar en la parte que los marineros llaman electrónica y el uso actual o posibles innovaciones utilizando la tecnología con la que trabajamos en el AI2:

Instrumentación: cualquier velero dispone de una instrumentación básica para navegación que consta de veleta (dirección viento), anemómetro (velocidad viento), corredera (velocidad barco con respecto superficie mar), GPS (posición y velocidad absoluta) y compas (orientación eje barco con respecto a eje magnético). Conocer posición de los carros de escota, pajarín, backstay (menudas palabrotas, para eso tenéis a Google) y tensiones de drizas y escotas sería muy interesante, aunque las celdas de carga son muy caras.

Observadores: A partir de las lecturas de estos instrumentos, que son relativos al barco, se debe obtener dirección e intensidad el viento, corrientes, rumbo, abatimiento, etc. Pero por características de esta instrumentación, existen errores debidos a escora, estado de la mar, calibración, etc. Se puede utilizar IMUs para conocer orientación ejes del barco y corregir las medidas de los instrumentos, fusionar datos con los ofrecidos por GPS y corredera para aumentar precisión.

Redes de comunicaciones: todos los instrumentos y unidades de control de la electrónica de un barco se comunican utilizando redes. Algunas son propietarias, pero las más extendidas son NMEA 0183 (bastante obsoleta) y NMEA2000 (que toma como base un bus CAN). Como curiosidad, indicaros que las tramas que emiten los GPS provienen del estándar NMEA0183.

Sistemas empotrados: Al final, toda la información llega a una unidad de control que realiza los cálculos pertinentes. Los fabricantes comerciales ofrecen soluciones cerradas, como es habitual en todos los sectores. Pero existe un desarrollo abierto basado en Raspberri Pi llamado Openplotter.

Sistemas de visión: Uno de los retos en navegación es saber si las velas (son como un ala de avión, pero deformable) están bien trimadas. Una forma de saberlo es midiendo la sección recta de una vela a distintas alturas. Habréis visto que las velas de competición llevan líneas horizontales a diversas alturas (y si no, os fijáis la próxima vez que veáis una regata en la TV). Un sistema de visión permite conocer la flecha máxima y su posición, además de la orientación de la sección y cómo cambian con la altura de la vela (twist).

Saber dónde están los otros barcos con respecto al nuestro, si ganamos o perdemos distancia con respecto a ellos, si les podemos pasar por la proa o por la popa en un cruce, si el barco ha llegado al layline o detectar rachas de viento son sistemas nuevos que no están desarrollados, al menos, que yo sepa.

Sistemas de control: Aunque no dejan utilizarlo en regatas, todos los barcos tienen un piloto automático para mantener el rumbo o para seguir una trayectoria con el GPS. Además, en los veleros existe una opción para navegar con un viento aparente fijo (dirección del viento medido por la veleta del barco: las velas reciben esa dirección de viento).

Sistemas de ayuda a la competición y entrenamiento: Además de la información anterior, en una competición o en entrenamientos es muy útil disponer de diversa información que ayude a mejorar las prestaciones del barco: trazado automático de las polares del barco (velocidad óptima del barco en función del viento); conocer si se navega a la velocidad y rumbo óptimos; dar indicaciones de trimado y rumbo para acercarnos a los números óptimos del barco; recalibración automática de instrumentos; cuenta atrás para salida de regatas e información sobre línea de salida y posición actual del barco; visualización del límite del campo de regatas (laylines); histórico de intensidad y dirección del viento.

Visualización de la información: como veis, es mucha información que hay que presentar de una forma eficiente y que sea fácil de navegar entre las distintas opciones en función de la situación de la regata.

Big data: si se dispone de la instrumentación adecuada y un histórico con un número de datos suficiente, se puede utilizar técnicas de Big Data y de inteligencia artificial que detecte patrones de comportamiento y pueda detectar situaciones que mejoren las prestaciones del barco.

Los marineros experimentados siempre dirán que la navegación es un arte y que esto no sirve para nada. Aunque a los que nos gusta cacharrear y hacer desarrollo, siempre disfrutaremos con nuestro “juguete”, aunque no sirva para mucho.

Espero que os haya gustado y que os haya dado algunas ideas para ejercicios, proyectos de asignatura o de trabajo final de máster. Si queréis más información o detalles, ya sabéis dónde encontrarme. Y si conseguís desarrollar algún sistema, me lo decís y lo probaremos en el barco de la UPV.


Alfons Crespo. Investigador del Área de Informática industrial

Publicado el 30 septiembre, 2019

 

Este septiembre acabamos de empezar un nuevo curso y, en mi caso, se cumple la cuadragésima vez que se da esta circunstancia desde el curso 1979-80, que fue mi primer inicio como profesor. Así pues, han pasado muchos años y añoro, sobre todo, dos cosas: el empezar el curso un poco más tarde y, sobre todo, a algunas de las personas con las que empecé a trabajar, a aprender a ser una persona comprometida con la universidad y a alcanzar una formación investigadora diferencial de lo que existía en aquel momento en la universidad española. El largo camino recorrido me ha permitido, y creo que he sido testigo de excepción, observar y participar en unos cambios muy importantes tanto desde el punto de vista de la propia universidad como de la tecnología.

La universidad, en general, ha experimentado unos cambios fundamentales que han permitido alcanzar unos niveles de calidad nada comparables a los de los años 80. Simplemente decir que en 1984 se consiguió el primer proyecto nacional de investigación CAYCIT en el centro de Industriales, que estuvo liderado por Pedro Albertos y Francisco Payri. Nada comparable con lo que tenemos ahora en cuanto a proyectos de investigación, publicaciones y acceso a recursos para la investigación y el desarrollo. Acceder a las publicaciones que te permitiesen realizar un estado del arte en los temas de tesis que iniciamos en aquel momento era toda una labor de rata de biblioteca. Solo unas pocas revistas estaban en la biblioteca y se pedían a través de ésta otras publicaciones que identificábamos al acceder a los artículos a los que teníamos acceso. La importancia de la asistencia a los congresos era fundamental, ya que se tenía acceso directo a las publicaciones e investigadores.

Formar parte del equipo del profesor Pedro Albertos fue todo un privilegio. La tesis doctoral que realicé se enmarco en un convenio con la empresa nacional de distribución eléctrica de Sudáfrica en cuyas instalaciones realicé la implantación del software desarrollado y que fue la base de la tesis doctoral. Hacer una estancia en Johannesburgo en el año 1983, en pleno apartheid, para instalar en la empresa el programa desarrollado fue toda una aventura. En aquel proyecto ya aplicamos programación orientada a objetos para el diseño de los programas en un lenguaje que no se caracterizaba por esta característica, como era es el Fortran.

Posteriormente, ya usamos lenguajes como Smalltalk, como algunos más mayores recordareis, para el control de un horno de cemento.

En el núcleo del grupo, el profesor Juan Antonio de la Puente fue el catalizador de la informática industrial cuando ese término no se había acuñado. Ello permitió liderar una serie de actividades que permitieron la creación primero de la Escuela Universitaria de Informática y, posteriormente, la Facultad de Informática en nuestra universidad.

A lo largo de aquellos primeros 10 años transité del departamento de Automática de Industriales al departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos (DSIC) y, finalmente, al de Ingeniería de Sistemas, Computadores y Automática (DISCA). Este DISCA se dividiría posteriormente en dos departamentos orientados a la automática (DISA) y la arquitectura de los computadores (DISCA). Este viaje por distintas temáticas (control, lenguajes y arquitecturas) me permitió tener una visión amplia de la informática y su utilización en la industria. La informática industrial viene a representar un marco en el que su uso cubre todo el espectro de temas de forma multidisciplinar. Los sistemas de tiempo real vienen a representar la materia más formal que enmarca la informática industrial.

La evolución de la informática industrial a lo largo de los últimos 30 años ha sido muy importante. Actualmente, la denominada Industria Conectada o Industria 4.0 pone el foco de la industria todo un conjunto de tecnologías llamadas habilitadoras al servicio de la industria. Tecnologías como sistemas empotrados, virtualización, seguridad, internet de las cosas, servicios de intermediación, middleware, nube privadas y públicas, procesamiento inteligente masivo de los datos (Big Data), etc. Son la evolución y consolidación de un gran número de tecnologías que se han desarrollado de forma independiente y que han convergido en este entorno para ofrecer a la industria un futuro prometedor.

Sin embargo, estamos obligados a no confiar en todo lo nuevo, sobre todo cuando muchas técnicas de las nuevas son presentaciones anteriores de otras. Tanto en la investigación como en el desarrollo, las modas suelen tener un comportamiento repetitivo. Un claro exponente son las técnicas de inteligencia artificial que, los que somos mayores, hemos visto aparecer y desaparecer varias veces. Siempre han tenido un carácter de técnica definitiva, pero que ha desaparecido a los pocos años discretamente. Esto no quiere decir que no confíe en dichas técnicas, podría poner muchos casos que, aunque no tan claros, creo que son fundamentales. De lo que desconfío muchas veces es de la popularización de estos términos y la generación de expectativas. Recuerdo en los años 90 como los denominados sistemas expertos venían para resolver todo en la informática. Poco a poco desaparecieron del escenario para quedarse como técnica para ciertos y relevantes usos.

A partir de los años 90, formamos el grupo de informática industrial y sistemas de tiempo real en el que, con un conjunto de personas envidiables, hemos transitado un largo camino de proyectos publicaciones y vivencias. A lo largo de estos 30 años, el grupo ha disfrutado siempre de proyectos nacionales de investigación, ha participado en más de 15 proyectos europeos y se han firmado convenios con muchas empresas tanto nacionales como internacionales.

Para terminar este recorrido, una de las cosas de la que nos sentimos más orgullosos es de que en los próximos años el software desarrollado inicialmente en nuestro grupo, y después industrializado por la spinoff de la UPV FentISS, será el software español más replicado en el espacio. El hipervisor XtratuM, que desarrollamos en varios proyectos europeos, FentISS lo ha certificado y es el software de base de la mayor constelación de satélites que ha desarrollado la empresa OneWeb para ofrecer servicios de 5G de forma global con más de 700 satélites a lanzar en los dos próximos años. Actualmente, ya están orbitando 6 satélites con total éxito.


 

 

 

 

 

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