Jorge Bondia. Investigador del Instituto de Automática e Informática Industrial

Publicado el 31 enero, 2018

 

El principio del año invita siempre a la reflexión sobre los logros y fracasos del año recién acabado y la definición de nuevas (o no tan nuevas) metas para el presente. Ya a finales de enero uno se da cuenta de que muchas tuvieron una vida exigua, bajo la sombra de los grandes retos. Y es que 2018 es un año que se presenta desafiante.

Siempre me he considerado profesionalmente un tipo con suerte. La diabetes se cruzó por mi camino de casualidad en un momento en el que, una vez acabada mi tesis, mi director, siempre figura inspiradora en mi carrera, me tiraba del nido para que aprendiera a volar. Y aprendí. Los inicios de cualquier línea de investigación siempre conllevan mucho sacrificio e incertidumbre, pero poco a poco conseguí configurar un grupo multidisciplinar con una financiación estable durante los últimos 13 años en proyectos continuistas. A ello ha contribuido sin duda el hecho del interés creciente en el área de Salud, con la consolidación de nuevas disciplinas como la ingeniería biomédica, y los nuevos objetivos de los entes financiadores de orientación de la investigación hacia los Retos de la Sociedad. Parece que la decisión, arriesgada en su momento, de especializarse en un problema, de una dimensión social enorme con la prevalencia de la diabetes, y abordarlo desde sus múltiples (y dispares) perspectivas, se demuestra hoy acertada. Y a finales de 2017 nos anunciaban lo que consideramos un hito: la incorporación en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM), dependiente del Instituto de Salud Carlos III, y que pretende aglutinar a los grupos punteros de investigación en diabetes en España, tal y como se reportaba en el Boletín pasado. La incorporación de nuestro grupo es claramente una apuesta por la multidisciplinariedad del CIBERDEM, con el auge actual de nuevas tecnologías en el tratamiento de la diabetes como el “páncreas artificial” (léase, sistema de control de lazo cerrado de glucosa), los sistemas de ayuda a la decisión, la telemedicina y la inteligencia artificial.

Pero con el hito, llega también el reto. Porque una vez dentro, hay que mantenerse dentro. En el CIBERDEM se financia anualmente a los grupos en base a resultados, y la carencia o pobreza de los mismos puede producir la expulsión del grupo del Centro. Esto, a mi parecer, es bueno, porque un centro no es más que la suma de sus investigadores y pretender la referencia en una disciplina significa exigir la excelencia a cada uno de sus miembros. A veces es imprescindible que te empujen fuera de tu zona de confort para avanzar en tu progreso. A partir de ahora se nos evaluará anualmente, entre muchas otras cosas, cuántas publicaciones tenemos en primer “decil” (sí, he dicho “decil”), primer y segundo cuartil (el resto, ni las cuentes), premiándose aquellas con factor de impacto mayor a 10, estableciendo un factor de impacto mayor a 40 como la excelencia máxima. Y yo me pregunto, ¿estamos realmente preparados para la multidisciplinariedad?

Se habla mucho de la multidisciplinariedad y sus beneficios, de su poder de innovación disruptiva y la necesidad de su potenciación. Y de todo ello estoy plenamente convencido. Pero multidisciplinariedad implica también un cambio de relación con “el otro”, una apertura hacia “lo nuevo” y “lo diferente”. Esto es algo que entiende enseguida el investigador que se embarca en esta travesía, dispuesto a derribar los muros que encuentre por el camino (y son muchos) persiguiendo su objetivo científico en compañía de otros expertos con los que logrará entenderse tras un periodo de intenso estudio. Pero, en una época de pasión por la cuantificación, sigue primando la concepción de uniformidad en las áreas de conocimiento. De un lado, te penalizarán publicar con más de cuatro autores (misión imposible en investigaciones que requieren complejos estudios clínicos); del otro minusvalorarán todas tus publicaciones en las que no seas primer o último autor, derivado de las diferentes tradiciones de ordenación de autores (lineal versus parabólica). Afortunadamente, nunca he dirigido mi carrera por la ingeniería contable y simplemente me he dedicado a hacer aquello que me ha hecho disfrutar. Ese es mi único motto.

En el Instituto ai2 también sabemos también mucho de multidisciplinariedad. Al menos, tenemos el potencial para ello. Es la consecuencia de consistir en grupos de investigación en torno a cinco áreas dispares, pero a la vez complementarias, que permiten concentrar en un sólo Centro el know how requerido para abordar grandes problemas desde sus múltiples perspectivas. Porque grandes problemas requieren grupos grandes, y en la medida de lo posible, grandes grupos. Y el Instituto ai2 es un gran grupo. Sólo necesitamos salir de nuestra zona de confort y permeabilizarnos para que ese potencial fluya aún con más fuerza dando origen a las nuevas ideas e innovación disruptiva que necesita nuestra sociedad, destinatario final de toda la cadena del trabajo científico.


Noticias

Próximos Eventos

No hay nuevos eventos.

 

 

 

 

 

Cómo llegar I  Planos I Contacto
Universitat Politècnica de València © 2015 · Tel. (+34) 96 387 90 00 · informacion@upv.es
campus UPV de excelencia campus UPV de excelencia