José Luis Pitarch, investigador del ai2: “No sé si aún soy demasiado joven o ya demasiado viejo”

Publicado el 26 marzo, 2021

 

Pues efectivamente, comparto la reflexión ya expuesta aquí por Silvia Terrassa, directora de la ETSINF (ni para reflexionar soy original, vaya). Yo, que desde siempre me había sentido más joven que lo que mi DNI se empeñaba en refutar (igual es porque he estirado mis años de universitario hasta el extremo), de repente en los últimos dos, tres años me ha cambiado la vida bastante.

Podríamos decir lo típico de “es que se me ha juntado todo”: para bien o para mal dejé de ser becario, se me ha caído el 80% del pelo (y el que queda es blanco), los desconocidos me tratan de usted, mis amigos ya han empezado a tener hijos y la COVID (que ahora es excusa para todo), acabando de hundir lo poco que quedaba en pie de mis relaciones sociales.

“Ley de vida, chico”, estaréis pensando ahora mismo. No obstante, mi archienemigo del pasado, el DNI, ahora resulta que me defiende, gritando a los cuatro vientos que todavía falta un trecho para llegar a los 40. Será que la verdad siempre acaba aflorando, en cualquier ámbito, independiente de las circunstancias.

Pero, aparte de todo esto, lo que de verdad me ha llevado a la reflexión -joven o viejo- son ciertos episodios puntuales, en los que el DNI poco puede hacer para poner orden. Uno de tantos es muy reciente, de mis primeros días de vuelta en Valencia, a finales de 2020, estrenando el flamante puesto de Prof. Ayudante Doctor en el DISA. Como es habitual en estos casos, hay gente que me felicitó y se alegró. Pero una de las felicitaciones (hecha con toda la buena fe, sin duda alguna) me marcó: “Me alegro mucho por ti, José. La UPV es una universidad potente, donde ahora seguro podrás iniciar una fructífera carrera investigadora”.

¡Vaya! No sé qué rayos había estado haciendo yo estos 7 años y pico que llevo de posdoc, pero muchas gracias por hacerme sentir joven de vuelta.

Como contrapartida, lo que me ocurrió a principios del año pasado, cuando todavía prestaba servicio en la Universidad de Valladolid. Por esas fechas tenía que defender el TFG un alumno del Grado en Ingeniería Química, a quien supervisé por circunstancias de la temática del trabajo (simulación dinámica en plantas de proceso). Resulta que, para la propuesta del tribunal, aparte de alguien del área de Sistemas y Automática, se me ocurrió sugerir a un profesor del Dpto. de IQ. Pensé: “Un chico que ha estudiado Ing. Química pero ha tenido que hacer todo el TFG con nosotros, qué menos que tenga una opinión de alguien de su área (vaya ocurrencia la mía también…)”. A estas alturas, los más avispados ya imagináis como acaba la historia: evidentemente nos tocó rehacer la propuesta de tribunal, sustituyendo al experto de IQ por… ¡El tutor del TFG!

Cansino de mí, todavía pedí explicaciones, exponiendo mi razonamiento anterior. La respuesta de la secretaria de la Escuela de Ingenierías Industriales fue: “Es que tú estás anticuado. El concepto de TFG hoy en día es el de una asignatura más. Y en cualquier asignatura eres tú quien examina al estudiante, no un profesor de otro departamento”.

Para mi sorpresa, una persona pasada la cincuentena me hizo sentir viejo. Y eso que ni era yo Prof. Ayudante todavía. El resultado: me siento desubicado, recibiendo mensajes contradictorios.

¿Será que estoy ante una época de oportunidad? Eso dicen los optimistas ante situaciones fuera de la zona de confort. Volviendo al tema de moda, la COVID, podría aprovechar las circunstancias de “falta de distracciones sociales” para relanzar (perdón, iniciar) mi carrera investigadora, puesto que es un problema de tipo a+++ (hay que resolver para ayer, alguien está dispuesto a poner mucha plata y es bastante complejo) según la clasificación propuesta por el Prof. Antonio Sala el 30 de enero de 2019 en análoga editorial a ésta.

Podría lanzar cualquier técnica de “machine learning” inventada hace 20 años en mi flamante Intel Core i9-10thGen de 20 núcleos, para sacar modelitos epidemiológicos a nivel macro con los datos de la pandemia, recopilados en alguna de las muchas webs florecidas durante el pasado año. Hecho esto, ya está lista la base para fabricar artículos en serie, haciendo estimadores bayesianos, optimización dinámica multiobjetivo, programación estocástica multietapa, control predictivo híbrido y con retardo variable… En fin, ya sabéis, todas esas cosas que “inventaron” unas personas muy listas hace varios años y que la gente como yo tratamos de redescubrir una y otra vez, puesto que en mi flamante Intel Core i9-10thGen de 20 núcleos van D.P.M.

Sin embargo, vuelvo inexorablemente a revivir los errores pasados: me cuestiono cuánto de lícito y de útil tiene que un investigador sin ningún conocimiento de medicina, virología y/o gestión de epidemias baile al ritmo de la moda COVID. ¿De verdad se puede uno fiar de predicciones hechas con unos modelos “máquina” basados en datos parciales, desplazados en el tiempo y muy sesgados? ¿De verdad las autoridades competentes van a plantearse utilizar alguno de nuestros algoritmos/software de control/optimización para cambiar su toma de decisiones?

Y lo que es peor, metiendo el pie en este tema, ¿estamos ayudando a visibilizar a los investigadores que realmente están en condiciones de aportar soluciones efectivas a corto plazo? ¿O más bien estamos introduciendo una gran distorsión con este bombardeo de información de calidad y utilidad discutibles?

En fin, por mi tozudez parece que seguiré simultáneamente joven y viejo: en el inicio de mi carrera investigadora con mi índice H estancado y tratando de adaptar mi anticuado concepto de la docencia a los estándares del siglo XXI.


 

 

 

 

 

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